Editorial
Con la irrupción de la encefalopatía espongiforme bovina (BSE) en la década de los ochenta se redescubrió el concepto de Una Salud (One Health), que describe la colaboración de varias disciplinas científicas en busca de una mejor salud para todos: humanos, animales y ecosistemas. Este enfoque comprende que los humanos no viven aislados, sino que son parte de un ecosistema mayor, y que las actividades y condiciones de cada uno de sus miembros afectan a los otros.
Más del 60% de los patógenos y el 75% de los patógenos emergentes son transmisibles entre animales y humanos. Por lo tanto, es evidente que la sanidad de todas las partes es imprescindible para la salud pública y animal. En este sentido, cabe resaltar enfermedades como la BSE, la influenza aviar H5N1, el SARS y el COVID-19, que afectan tanto al ser humano como a los animales, sin olvidar las zoonosis “clásicas” como la tuberculosis, la brucelosis y la rabia, entre otras.
En tal sentido, el profesor Patrick Jackson señaló en The Washington Post “la importancia de fortalecer el seguimiento epidemiológico debido al potencial impacto de algunos agentes infecciosos, actualmente en expansión fuera de sus regiones habituales, en gran parte como consecuencia del crecimiento de los movimientos de personas y mercaderías a través del mundo y a una velocidad nunca antes vista”. Resaltó que, además de los patógenos conocidos en aumento, podrían surgir amenazas inesperadas en cualquier parte del mundo, lo que refuerza la necesidad de un monitoreo constante para prevenir brotes y futuras pandemias.
Es además imprescindible ajustar los estudios epidemiológicos y los conceptos sobre “enfermedades exóticas”, ya que en la práctica estas prácticamente no existen más como tales y, dada la velocidad de su expansión, muchas se han diseminado en lugares donde antes no se reportaban, llegando en algunos casos —como el COVID-19 y la influenza aviar altamente patógena— a constituirse en pandemias.
Carlos van Gelderen
Diciembre 2025