Editorial (Parte II): La organización de los servicios veterinarios oficiales para afrontar los desafíos actuales

En la editorial anterior señalamos las oportunidades comerciales que se abren para Argentina y los desafíos sanitarios que enfrenta el sector pecuario a nivel global. Para aprovechar estas oportunidades y mitigar las amenazas identificadas, resulta fundamental comprender cómo deben organizarse y funcionar los servicios veterinarios oficiales que respaldan nuestro comercio internacional.

La organización y estructura de los servicios veterinarios oficiales responden a un objetivo específico: la certificación sanitaria de la sanidad, el bienestar animal y la inocuidad de los alimentos en la etapa de producción y procesamiento. Para esto, y conforme a los enunciados de Una Sola Salud y la seguridad alimentaria, la prevención y el control de las enfermedades requieren programas y proyectos, que, respondiendo a las características de cada enfermedad, involucren transversalmente la estructura de los servicios veterinarios oficiales y de los actores de las cadenas alimentarias «del campo al plato».

Para alcanzar este objetivo hay que considerar que la producción y el procesamiento respeten la sustentabilidad ambiental y el bienestar animal, para lo cual es imprescindible disponer de un programa de monitoreo y control continuo de las variables involucradas mediante la aplicación de buenas prácticas (BP), identificación de los puntos críticos de control, y la adopción de normativas acordes a las disposiciones internacionales que facilitan el comercio internacional de animales y productos.

Los servicios veterinarios deben canalizar sus actividades operativas para la prevención y el control de las enfermedades animales a través de programas y/o proyectos específicos por enfermedad; estas actividades incluyen aspectos normativos, reglamentarios, de laboratorio y de campo, además de la participación del sector privado mediante sistemas de acreditación profesional y delegación de actividades, y generar la documentación técnica correspondiente que permita conocer el estado de situación de las distintas enfermedades —estatus—, sobre todo de las transfronterizas y zoonóticas, que permitirán a los consumidores internos y externos el acceso seguro a nuestros productos alimenticios.

La implementación efectiva de esta estructura organizativa, junto con las medidas específicas propuestas en nuestra editorial anterior —fortalecimiento de la inteligencia epidemiológica, refuerzo de laboratorios de diagnóstico, capacitación de recursos técnicos, planes de contingencia y participación activa en organismos internacionales— permitirá a Argentina consolidar su posición como proveedor confiable de productos pecuarios. La calidad y transparencia de nuestra certificación son imprescindibles para mantener e incrementar la presencia de nuestros productos en un mercado internacional cada vez más exigente, convirtiendo al sistema sanitario argentino en un verdadero pilar del desarrollo económico nacional.

Carlos van Gelderen

Febrero 2026