Detección de Influenza aviar altamente patógena por primera vez en Australia
La influenza aviar altamente patógena (IAAP) ha consolidado una crisis sanitaria global sin precedentes impulsada por el clado 2.3.4.4b del subtipo H5N1, el cual ha afectado a cientos de especies de aves y mamíferos desde 2021. Entre 2025 y 2026, se han documentado más de 2.000 brotes en 64 países, resultando en la pérdida o sacrificio de aproximadamente 140 millones de aves de corral y una expansión geográfica que ya abarca todos los continentes.
Hasta mediados de 2026, Australia se mantenía como la última gran zona libre de este clado específico, pero la situación cambió el 20 de junio de 2026 con la notificación oficial ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) de la primera detección en una escúa parda (Stercorarius antarcticus) en la costa de Australia Occidental. Los análisis genómicos han vinculado este virus, genotipo B3.2, con los eventos de mortalidad masiva registrados en las islas Heard y McDonald, donde se estima la muerte de 13.000 crías de elefantes marinos.
La evolución epidemiológica en territorio australiano ha sido acelerada, registrándose hasta el 10 de julio de 2026 un total de doce detecciones confirmadas en aves silvestres distribuidas en Australia Occidental, Australia del Sur y Nueva Gales del Sur. Un hito crítico en esta incursión ocurrió con la confirmación del virus en un charrán piquigualdo (Thalasseus bergii) en Robe, Australia del Sur, lo que representa la primera detección en una especie de ave residente nativa en lugar de especies migratorias. Este hallazgo marca un cambio cualitativo en la dinámica de transmisión, sugiriendo un riesgo de establecimiento y circulación sostenida en poblaciones locales que carecen de inmunidad previa ante los virus H5 altamente patógenos.
A pesar de la dispersión geográfica detectada a lo largo de las costas meridionales, las autoridades veterinarias confirman que, hasta el momento, no se ha registrado evidencia de mortalidad masiva en la fauna local ni incursiones en sistemas de producción avícola o entornos agrícolas. El riesgo para la salud humana se mantiene calificado como bajo por el Centro para el Control de Enfermedades de Australia, no habiéndose reportado infecciones en personas vinculadas a estos hallazgos.
Ante este escenario, el gobierno australiano ha movilizado una respuesta robusta, para fortalecer la bioseguridad y los sistemas de vigilancia. No obstante, la inminente temporada migratoria de primavera incrementará la presión de infección con la llegada de millones de aves desde el hemisferio norte, lo que exige mantener una vigilancia diagnóstica rigurosa y reforzar las medidas de bioseguridad estructural para mitigar el impacto.
Fuente: WOAH – Beacon – Australian CDC – SciMex
Junio 2026